Amanecer cyborg

 El caso del modelo A56

A56 estaba con sus compañeros en un operativo en el Polígono C de la Ciudad de los Espejos. Aquel polígono era habitado por los no cyborgs, por aquellos cuerpos que aún eran 100% humanos, algunos por convicción y otros porque no tenían lo suficiente para comprar partes biomecánicas.

Desde hace mucho tiempo que el Polígono C  fue olvidado por las autoridades de Ciudad de los Espejos por la simple razón de que esperaban que un día se mataran y comieran los unos a los otros. 

Sin embargo aquel abandono por parte del Estado hacía del Polígono C un área atractiva para el tráfico de órganos humanos y de piezas biomecánicas así como de pastillas BAT (Be Another Thing) o máscaras de oxígeno. Sin duda ahí también se gestaban luchas en contra de la era digital y se buscaba volver a lo primitivo pero eran pocos los que pensaban en hacer una revolución.

A56 estaba en el Polígono C sin saber con exactitud la razón, sólo tenía claro que él y sus compañeros tenían que atacar si así lo creían necesario. La misión era cercar una extensa superficie de tierra  llena de basura y casas hechas de cartón y lámina. La gente prefirió irse antes que ser despojada, el nomadismo era la forma de vida en el Perímetro C.

Fue fácil dirigir la obra de limpieza, A56 y sus acompañantes venían acompañados  por  máquinas recolectoras de basura. A56 decidió alejarse de la nube de polvo provocada por la limpieza del terreno, sacó de su bolsillo un cigarro e inhalo el humo con una sonrisa porque sabía que nunca iba a morir de cáncer pulmonar o de cualquier otro tipo. Caminó unos pasos y en su andar aventó un objeto extraño con el pie. Por lo general A56 no ve hacia el piso pero esta vez fijó su mirada en lo que acababa de patear. Se trataba de un libro sólo que él no sabía que cosa era porque de donde él venía, los libros habían dejado de existir.  Lo levantó para sacudirlo y notó que aquel extraño objeto tenía algo escrito en su idioma. “Manual para él o la policía”

A56 sabía que él era un agente policiaco, sintió que aquel objeto viejo y polvoriento de cierta forma estaba dirigido para él. Abrió el libro más o menos a la mitad y se adentró en la lectura

“Policía, aquella persona que se siente superior a los demás, que fue entrenada para matar por el bien de la nación ¿Acaso has pensado en que sólo sigues órdenes y jamás haces tu voluntad? Tu voluntad y tus deseos han sido aniquilados durante tu entrenamiento policial, has olvidado lo único que importa en la vida: hacer tu voluntad sin dañar a los demás.”

Aquellas palabras provocaron una extraña sensación en A56 porque no sabía con exactitud cuál era su voluntad. Para él lo real y verdadero son las ordenes que vienen de arriba y por arriba entiéndase el Departamento de Seguridad el Estado, no algún tipo de Dios o Diosa. La espiritualidad en aquellos días es algo que está casi perdido. Sin embargo había cosas que no le gustaba obedecer, como el hecho de pararse temprano, odiaba despertar a las 5:00 AM porque la mayoría de las veces nadie solicitaba su ayuda sino hasta dos horas después. Uno de sus subordinados le hizo una seña desde lejos indicando que la tarea estaba completa y que podía marcharse. A56 guardó el libro en su bolsillo y se marchó con su escuadrón.

Al llegar a su recámara continuó leyendo aquel libro y no se detuvo hasta terminarlo. Los primeros rayos del sol salían y él descubrió que podía llorar. Se sintió humano, inferior a cualquier miembro del Departamento de Seguridad del Estado y a cualquiera que se pudiera catalogar como cyborg. Decidió ir al baño para mirarse al espejo. Era un agente con rostro, se había ganado ese privilegio e incluso contaba con cierta privacidad mental. Recordó el primer día de su vida. Estaba en un cuarto totalmente blanco,  daba la sensación de que flotaba en el aire a cada paso que daba. Después le exploraron que estaba en el cuarto de pruebas, le dijeron que era perfectamente apto para la vida y que por lo tanto podía salir al mundo. Su destino estaba asegurado –desde hoy serás A56- Fin del recuerdo aunque la verdad A56 se esforzaba mucho por recordar aún más sin embargo, así como en muchas otras ocasiones, pareciera que sus recuerdos fueron fragmentados.

Ese día A56 se quedó en su habitación a ver el amanecer desde su ventana, espectáculo que le encantaba pero que reconocía hasta ese día. Fue a la cocina por un poco de café que sirvió en una tasa y bebió lentamente. Después abrió la puerta y desapareció del Departamento de Seguridad del Estado para siempre.

 

amanecer cyborg

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